Carmen Varela y la caligrafía de las flores: el realismo madrileño en Espacio 36

Hay pintores que retratan flores y pintores que retratan el tiempo que tarda una flor en abrirse. Carmen Varela pertenece a la segunda categoría, y eso es exactamente lo que se puede comprobar hoy en las paredes de Espacio 36, donde inauguramos Bendita pintura de luz y silencio acompañada.
Carmen Varela, Jardín Botánico, Espacio 36, Zamora.
El aprendizaje con Antonio López y la lentitud como método
Carmen Varela (Madrid, 1959) lleva más de cuarenta años entre la pintura y la escultura, formada en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid pero, según reconoce ella misma, sobre todo autodidacta. Esa mezcla de disciplina académica y aprendizaje libre se nota en cada peonía, cada magnolia, cada lirio de esta exposición: flores que exigen semanas de trabajo minucioso sin perder ni un gramo de frescura.
No es casualidad que su nombre aparezca ligado, en varias ediciones (2006, 2007, 2009 y 2014), a la Cátedra Francisco de Goya de Ávila, el curso que durante años dirigió Antonio López, la figura central del realismo español. López es célebre por su lentitud: una obra suya puede llevarle años, a veces décadas, porque no trabaja de fotografía sino de observación directa y prolongada. En la etapa final de su carrera, el propio López empezó también a pintar flores. Varela llegó a ellas por un camino parecido: la paciencia como método, no como virtud añadida.
Isabel Quintanilla, María Moreno y el rechazo a la etiqueta
Esa manera de trabajar conecta a Varela con dos nombres que pocas veces se explican fuera de los libros de historia del arte y que merece la pena recordar aquí. Isabel Quintanilla, compañera de generación de Antonio López dentro de lo que se conoce como los realistas de Madrid, pintó también naturalezas muertas y flores durante toda su vida, pero rechazó siempre la etiqueta de "hiperrealista": para ella ese término reducía su pintura a un alarde técnico, cuando lo que perseguía era la emoción, no la precisión fotográfica. Y María Moreno, la menos conocida del grupo, pintó escaleras, pasillos, interiores y flores con una sensibilidad luminosa que la crítica describe como de una delicadeza casi ingenua.
Carmen Varela se mueve exactamente en ese cruce: una pintura que parece fotográfica de lejos pero que, de cerca, es puro gesto de pincel; una peonía que documenta la realidad y al mismo tiempo la reinventa.
"Lo único personal que uno puede aportar es la mirada"
Ella misma lo explica mejor que cualquier crítico. En el catálogo de esta exposición escribe: "Dicen de mi trabajo que es realismo no exento de frescura, que mis obras sorprenden por la luz, y algo que me llama la atención, estando como estoy tan pegada a la realidad, por la imaginación." Y añade una idea que, después de treinta años mirando cuadros en esta sala, me parece de una honestidad poco común: "Considero que lo único auténticamente personal que uno puede aportar al arte de este tiempo que nos ha tocado vivir es la mirada."
Veinticinco mil visitantes en el Real Jardín Botánico
Esa mirada la llevó, en 2016, a colgar su pintura floral en el Pabellón Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid, una exposición que visitaron más de veinticinco mil personas: una cifra que pocas galerías, y pocos museos, pueden presumir. Esa misma mirada es la que trae ahora a Zamora, en una muestra que reúne óleos y acrílicos de gran formato junto a piezas más íntimas —pequeños brotes sobre lino, la serie "Flores habitadas" montada sobre bastidores de bordar— y dos esculturas, una en bronce y otra en cartón piedra policromado.
Si algo hemos aprendido en Espacio 36 en tres décadas es que una flor pintada con este nivel de atención deja de ser un motivo decorativo. Se convierte en un ejercicio de silencio: alguien se ha sentado durante días delante de una peonía real solo para que nosotros podamos detenernos treinta segundos delante de su retrato. Me parece un intercambio más que razonable.
Les esperamos en Espacio 36, del 28 de agosto al 16 de septiembre de 2026. La inauguración es esta misma tarde, viernes 28 de agosto, a las 19:30 horas. También puede consultarse el catálogo completo de la exposición.
Ángel Almeida
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