Crítica de Arte23 Oct, 2026

Krum Stanoev y el linaje del metal recortado: de Julio González a la pátina contemporánea

Krum Stanoev y el linaje del metal recortado: de Julio González a la pátina contemporánea

Hay una idea que lleva casi cien años rondando la escultura española, y que hoy vuelve a colgar de las paredes de Espacio 36: que el metal, el material más pesado y más frío que existe, puede servir precisamente para dibujar el aire. Eso es lo que hace Krum Stanoev en Metal, pátina y naturaleza, la exposición que inauguramos esta tarde.

Escultura en metal recortado y patinado de Krum Stanoev, cartel de la exposición en Espacio 36

Krum Stanoev, metal recortado y pátina, Espacio 36, Zamora.

De Sofía a Zamora, pasando por el grabado

Krum Stanoev Baitochev nació en Sofía, Bulgaria, en 1961. Pasó por la escuela de artes aplicadas de su ciudad entre 1975 y 1980, y en 1990 se licenció en Bellas Artes, especialidad de grabado, por la facultad "Nikolai Pavlovich". Lleva más de treinta años viviendo en España, donde ha construido una trayectoria que pasa por la pintura, el grabado y, en la última década, sobre todo por la escultura: diecinueve exposiciones individuales y presencia habitual en ferias como Estampa, Flecha, Art Madrid o Affordable Art Fair.

Que su formación de origen sea el grabado no es un dato anecdótico. Un grabador trabaja toda su vida con el vacío: lo que no se entinta, lo que el ácido se come, lo que queda en blanco sobre el papel. Stanoev trasladó esa misma lógica al metal, sustituyendo la gubia por el corte láser y el papel por la chapa. Sus esculturas no son volúmenes macizos: son siluetas recortadas, llenas de huecos, donde la hoja de un árbol se reconoce por lo que le falta tanto como por lo que conserva.

Obra de Krum Stanoev, escultura en metal recortado de inspiración vegetal, Espacio 36 Zamora

El linaje: Julio González, Gargallo y el hierro que aprendió a dibujar

Para entender lo que Stanoev hace hoy hay que remontarse casi un siglo. Fue el escultor catalán Julio González, en el París de los años veinte, quien revolucionó la escultura occidental al introducir la soldadura autógena y el hierro forjado como material noble, no decorativo. González acuñó una frase que define toda esta tradición mejor que cualquier manual de historia del arte: "dibujar en el espacio". Fue también quien enseñó la técnica a un joven Picasso, que la usó para sus propias esculturas en hierro.

Junto a él trabajó Pablo Gargallo, aragonés afincado también en París, pionero en recortar chapa metálica y plegarla para construir máscaras y figuras donde el vacío —el hueco entre dos planchas— hacía tanto trabajo escultórico como el propio metal. Esa generación demostró algo que hasta entonces nadie había probado en serio: que la ausencia de materia podía ser, literalmente, la forma.

Detalle de escultura de Krum Stanoev con huecos y siluetas recortadas en metal, Espacio 36 Zamora

Décadas después, Eduardo Chillida llevó ese mismo diálogo entre masa y vacío a una escala monumental, forjando el hierro como quien tallara piedra; y Jorge Oteiza convirtió el vacío mismo en el verdadero tema de su escultura, no en su consecuencia. Es la misma familia de preguntas —¿cuánto puede pesar el aire?, ¿cuánto puede decir un material duro sobre algo tan frágil como una hoja?— la que Krum Stanoev sigue haciéndose hoy, solo que con una herramienta que González no tuvo nunca: el láser, capaz de recortar una línea tan fina como una nervadura vegetal sin perder un milímetro de precisión.

La pátina: color sin pintura

Hay otra decisión técnica que conecta a Stanoev con una tradición todavía más antigua: la pátina. Desde el bronce clásico, los escultores han sabido que un metal puede cambiar de color sin necesidad de un solo gramo de pintura, solo alterando su propia superficie mediante calor, ácidos u oxidación controlada. Stanoev aplica distintos acabados de pátina sobre el acero recortado, y el resultado son hojas que pasan del verde oxidado al cobre encendido, del ocre al negro humo, como si cada pieza llevara dentro su propio otoño.

Escultura de Krum Stanoev con pátina de color en metal recortado, exposición Metal, pátina y naturaleza en Espacio 36

Un viajero que trajo el bosque a la pared

Stanoev se define a sí mismo como un viajero del mundo: el bosque, el susurro de las hojas, los ritmos ocultos del viento. En ese aparente caos, dice, descubre un orden que solo se percibe con el corazón. Es una declaración de intenciones poco habitual en un escultor que trabaja con una herramienta tan fría como el láser, y precisamente por eso funciona: cuanto más preciso es el corte, más intuitiva parece la forma final. La naturaleza, en estas piezas, no es un fondo decorativo. Es un ser vivo, mágico y poderoso, y cada árbol, cada línea, cada figura transmite esa vibración.

Es exactamente el tipo de pieza que, en Espacio 36, nos interesa traer a Zamora: una escultura con raíces en la vanguardia española de hace cien años, hecha hoy con tecnología de hoy, por un artista búlgaro que lleva media vida en España. El arte contemporáneo no necesita elegir entre tradición y modernidad; esta exposición es la prueba de que las dos cosas pueden convivir en la misma chapa de metal.

No hace falta venir esta misma tarde si no pueden: les esperamos en Espacio 36 durante toda la muestra, del 23 de octubre al 11 de noviembre de 2026. La inauguración es hoy, viernes 23 de octubre, a las 19:30 horas, pero la puerta sigue abierta cada día de la semana durante las tres próximas.

Ángel Almeida

Blog-e-Arte · Espacio 36

Escrito por Ángel Almeida

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